| Culto Especial en Templo Sargento Aldea - IEP |
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![]() La flama del Espíritu Santo, aquella que encendió los corazones de humildes hombres en Valparaíso, hace un siglo atrás, quemaba interiormente todo rencor, toda discriminación…destruía el hielo de separación. Era la tarde del jueves 20 de agosto y desde el Templo en San Miguel, una caravana de vehículos liderada por nuestro amado Obispo Presidente Revdo. Bernardo Cartes V., y seguido de Pastores, Pastoras, hermanos y hermanas, salían raudos hacia la calle Sargento Aldea.
Había llegado la hora tan ansiosamente esperada, quizás de que remoto tiempo. Se iba a producir un hermoso reencuentro. La tensión del momento nos lleva a meditar en la escena vivida por Jacob, relatada en el capítulo 32 del Génesis, previo al reencuentro con su hermano Esaú. Habían sido circunstancias de la vida, las que los habían separado y alejado, conduciéndolos a caminos distintos…. Este hecho ilustra y nos da claridad para la comprensión de esta separación de tantos años, entre la Iglesia Metodista Pentecostal y la Iglesia Evangélica Pentecostal, ambas eran parte del movimiento Pentecostal, que con gran poder emergió en Valparaíso, cien años atrás.
Pero pronto se va a cumplir, para la Gloria de Dios, lo descrito en Génesis 33:4. Al llegar al mítico Templo allí en la calle Sgto. Aldea, se comparte una rica once. Posteriormente, se empieza un servicio especial preparado con esmero por la Iglesia anfitriona, para recibir con cariño a sus hermanos de la Iglesia Metodista Pentecostal. En medio del culto, bajo la cobertura del Espíritu Santo se produce el acto que sella el anhelo de muchos hijos de estas Iglesias hermanadas desde 1909, y por tanto tiempo esperado. Ambos lideres se funden en un emotivo y fraterno abrazo….el escenario nos retrotrae al abrazo de Esaú con su hermano Jacob… el fuego Pentecostal inunda los corazones, desbordándose por toda la congregación. El ministro encargado del mensaje, basado en Libro del profeta Jeremías cap. 6, exhorta a la Iglesia a buscar la senda antigua, es decir, volver a aprehender la Palabra de Dios…vivir conforme a sus designios.
El tiempo inexorable nos indica que ya se aproximan las 23 horas. Nuestro Obispo Presidente, aprovechando la oportunidad que se le concede, expresa su alegría por el momento vivido. También, retribuye la invitación entregando un presente al Pastor Superintendente de la Iglesia Evangélica Pentecostal, Eduardo Valencia Martínez. El hermoso culto concluyó con la convicción de los Pastores de ambas Iglesias, que Dios mismo había inmortalizado este bendito y glorioso encuentro de acción de gracias.
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